¿Y nuestros espíritus?

Frente a una cultura como la nuestra que parece “negar” la existencia de una espiritualidad como parte de nuestra ser integral y por ende, la atemporalidad de dicha “energía” o cómo queramos llamarle, se hace más que complejo, el intentar, que cualquier reflexión al respecto pueda alcanzar una mínima coherencia. Sin embargo, para quienes aceptan, que somos más que un cuerpo físico y una mente plagada de información e interconectada por el sistema nervioso a dicho cuerpo, está más que demostrado, que la espiritualidad, es el verdadero eje articulador no sólo de nuestra existencia, sino de los propósitos que podemos tener al vivir en éste mundo, aparentemente material. Vale la pena entonces, que le dediquemos tanto o más tiempo a nuestro espíritu, que el que regularmente le enfatizamos a las actividades físicas o mentales, transitorias, pues lo único que parece perdurar, más allá de éste mundo y estos tiempos, es tal vez nuestro espíritu.

Una perla anónima afirma que, “no es el tener de todo, sino el disfrutar de todo, lo que genera la felicidad”.

Cuentan que en una cotidianidad, el pretendiente de la hermosa hija menor de una acaudalada familia, fue a visitarle, ante lo cual, los padres de la chica, aprovecharon para saber algo respecto del joven, su familia y especialmente sus ingresos, pues la chiquilla era considerada el mayor tesoro de aquel hogar. Sin embargo, los padres de ella, se llevaron una gran sorpresa, cuando a la pregunta al respecto de su ocupación, el joven pretendiente dijo: – soy un restaurador. Y como ellos supusieron, que era arquitecto o algo similar, él remató diciendo: – no de espacios, sino de espíritus.

No es muy común que valoremos a quienes asumen el rol de pastorear, predicar o guiar a otras vidas, sí, quienes restauran nuestros seres y nos denotan la importancia de interesarnos, por lo menos, en la misma medida; de nuestro ser espiritual, pues ellos y muchos de nosotros, sabemos, que somos seres integrales y que por lo tanto, estamos llamados a crecer equilibradamente.  

El texto de textos nos revela en Juan 5:14, “después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”.

Sólo por éste instante, elijamos el disfrutar de nuestras COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!