¿Nos dominan ciertos deseos?
La cultura del mercadeo y del comercio sabe perfectamente la forma como despierta nuestros deseos y a la vez que gracias a la promoción y programación de dichas expectativas muchas de las cuales nos las convierten en propósitos de vida e incluso en soporte de nuestra estima, los seres humanos cual esclavos direccionaremos todas nuestras búsquedas y actividades productivas a suplir dichos satisfactores, que aun sin tener nada que ver con nuestras necesidades, reorientan nuestras vidas convirtiéndoles en mucho más que básicos y, aunque muchas personas aceptan que dejarse guiar por ese tipo de motivaciones externas superfluas es un error, lo cierto es que casi todos seguimos atados a dichos engaños de unas costumbres que bajo dicha visión nos mantienen insatisfechos, sin sentido de vida.
Una perla de Jean Paul Sartre nos dice que “no se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan.”
Cuentan que en una cotidianidad al hombre que andaba en busca de chicas jóvenes a las cuáles les denominaba sirenas, su hermana a la que le molestaba lo machista de éste, le recordó que ese tipo de mujeres solo existían en el mundo de las fantasías, del falso mercadeo, mientras que la mayoría de mujeres; ballenas para él, si eran mas reales y además tenían la espectacular posibilidad de estar en ese mismo mar con otro tanto grupo de animales marítimos reales, con los cuales departían y compartían, así que le expresó con ironía que cuando estuviera solo tendría que fijarse menos en lo estético y mas en lo ético.
Desafortunadamente hemos confundido el amor e incluso la pasión con conceptos éticos culturales preconcebidos por una cultura que promueve los sin sentidos de vida, de allí la importancia de no caer en dicho sutil engaño y por el contrario permitirnos reconocer que el compartir con otro ser humano, el complementarnos, tiene más que ver con un proyecto de vida, que con un deseo temporal.
El texto de textos nos revela en Santiago 2:10, “cualquiera que guardare toda la ley, pero fendiere en un punto, se hace culpable de todos”.
Sólo por éste instante elijamos el disfrutar de nuestras COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!





















